Los buitres del Matarraña











© Miguel A. Salor



Aunque el título suene al de una película del espagueti western, sacado del desierto de Almería, nada más lejos de la realidad, es la intención de esta entrada. Aunque ahora que lo pienso, alguna similitud si que la hay con los protagonistas del post. Siempre son grandes colaboradores en este género del cine, y son fácilmente reconocibles cuando sus alargadas sombras, aparecen girando alrededor del infeliz que huele a fiambre. Por supuesto que me estoy refiriendo a los buitres, o voltors en catalán. Aves que siempre impresionan a quienes los observan, sea la primera vez, o la decima. La impresión inicial que te llevas, es su tamaño. Con una envergadura de más de dos metros con las alas extendidas, unas garras robustas y gruesas para poder soportar este volumen y poder afianzarse con fuerza a la carroña, y ese pico formidable, evolucionado para rajar el cuero más duro. Después su vuelo, majestuoso, que nos recuerda a un ultraligero, sin aspavientos, sin generar ningún sonido, y las grandes alturas a las que pueden llegar, donde nuestra pobre vista, no nos puede llevar.


© Miguel A. Salor



© Miguel A. Salor


En la comarca del Matarraña, o Matarranya, comprendida entre Tarragona y Teruel, se extienden cadenas montañosas de grandes paredes verticales, un lugar idóneo donde pueden encontrarse gran cantidad de Buitres Leonados, la especie más común, que no significa que no sea necesaria su protección, y donde podemos observarlos desde cualquiera de sus senderos más conocidos, como los que nos llevan por Les Roques d´en Benet, cerca de Arnes, o la tan conocida ruta por el Parrisal, cerca de Beceite. 

Aves carroñeras, juegan un papel importante en la limpieza de nuestros montes y valles, y sobretodo allá donde las explotaciones ramaderas aun estén en desarrollo. Y aunque lamentablemente, desde las directrices europeas hayan prohibido el abandono de las reses muertas por temor de contagios, se han creado muladares que contribuyen de la única manera posible hoy en día para evitar la degradación en termino demográfico del número de ejemplares. Eso nos lleva, a que las prohibiciones que provienen de la Unión Europea, no contemplan o vislumbran que haya una posible desaparición o desarraigo de las zonas de cría, además de no proponer soluciones alternativas a su prohibición, con lo que al final, nuestro propio ingenio, ha de resolver un problema, que no era tal..., y del que nos tenemos que preocupar de resolver.



© Miguel A. Salor


© Miguel A. Salor



Las imágenes que ilustran la entrada, fueron sacadas desde un muladar en Valderrobres (Mas de Bunyol) y desde el que se puede disfrutar de cerca, mientras se alimentan.

Saludos,
MA


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