Que significa el Otoño para los aficionados a la fotografía.









¡Que el Otoño ya está aquí!, y espabilad que tiene pinta de ser breve, tanto que... ya ha pasado!!. Todo un año esperándolo con ansias, y lo poco que a durado. Las explicaciones pueden ser tan variadas como los colores de la misma estación. Unos dirán que es consecuencia del cambio climático, otros que esto ya lo han vivido antes,  y algunos que ya no tenemos estaciones, pero al final, lo que cuenta para nosotros los aficionados a la fotografía, es que la duración de este otoño ha sido más bien justito, por no decir, que casi ni lo olemos.




Después de limpiar los objetivos y la cámara, como si de una escopeta se tratara, formatear y cargar las tarjetas de memoria a modo de munición, y colgar el trípode con el resto en la mochila que al final parece un armario empotrado acolchado a la espalda, nos tiramos al monte como las cabras.




Llegamos al lugar elegido, y como no podía ser de otra manera, hay más gente que en la puerta del Sol en las campanadas de fin de año. Asociaciones, cursos, domingueros (con todo el respeto) y el resto de fauna humana, nos disponemos a invadir el bosque como si del desembarco de Normadia se tratara. En tres metros cuadrados nos juntamos tres trípodes, cuatro abuelos, cinco nietos y un perro. Nosotros para hacer nuestra foto, y el resto, para ver que hacemos, y todos creyendo que este es el mejor sitio para ver caer las hojas. En el fondo los seres humanos somos animales gregarios, y eso se nota, por que aunque hayan doscientos metros de campa libre al lado, nos juntamos todos encima de la misma piedra.




Además es sorprendente comprobar de lo que somos capaces de aguantar. Da igual si hace frio, viento, lluvia o cualquier otra condición atmosférica adversa. Con tal de salir a fotografiar nada nos detiene, vamos, la misma capacidad de sacrificio que a la hora de ir a comprar al super el fin de semana.
Y es que los aficionados a la fotografía estamos hechos de una pasta especial, y todos nos sacrificamos con tal de fotografiar lo que para nosotros es un recuerdo imborrable, el cual, normalmente se quedará alojado dentro de nuestro disco duro, aunque lo de imborrable esté por ver.
Entonces a veces, y solo a veces, dejo la cámara y respiro el aire puro, observo el curso del agua de algún riachuelo, y escucho los sonidos que me ofrece el bosque, y empiezo a disfrutar de verdad, cuando comprendo que es lo que hacemos aquí, y el grandioso espectáculo que la madre naturaleza nos muestra. En este preciso instante, justo en este momento, una idea se me repite en la cabeza una y otra vez, entonces me digo a mi mismo, como narices meto todo esto en el encuadre...!!








 
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